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TREINTA Y UNO

Enviado por María Paz Rojas Gómez el 31/07/2007 a las 04:42 PM

Acá lesenvío mi cita semanal que tengo con revista Ya , soy fanatica de la sección treinta y uno...será porque es enrollada, pasa de rollos y nunca pierde la esperanza en su vida...

 

Mujeres al borde de un ataque 

El ambiente en mi oficina está raro. Huele a cambios. No sé bien de qué tipo, pero algo no anda bien. Estoy caminando sobre huevos sin tener la certeza de hacia dónde camino, y lo único que sé es que el temor anda rondando. Lo freak es que me enteré igual de que algo pasa, aunque en términos sociales no sé si alguien en mi oficina me tiene considerada en sus vidas. Es tan fuerte el remezón que se siente por venir, que hasta me enteré yo, algo así como the outcast absoluta de ese lugar. Es cierto: me saludan, algunas con más ánimo que las otras, pero no me siento parte. Escucho que se tienen en el messenger y que cada cierta cantidad de días se van de farra. Y yo, acostumbrada a ser pasada por alto por ese grupo que me mira con cara de lucha de clases, no me hago grandes dramas al respecto. Por todo lo anterior, me tomó por sorpresa mi nivel de sobreexcitación cuando me invitaron a su salida el jueves pasado. Partí a retocarme la pintura y supe que íbamos al Bar Yellow. Haciéndome la que se las sabe todas, dije "ah, las mejores papas fritas de Santiago", aunque la verdad es que entre mi infidelidad y mi sentimiento de culpa, hace rato que no iba ni a la esquina.

Me instalé, le pedí un trago a la niña con una pronunciación peor que la mía con un par de copas encima, y ahí estaba, intentando romper el hielo con estas cinco mujeres que nunca me han visto con buenos ojos. (El sentimiento es mutuo, por si acaso. No me estoy victimizando).

Bastó un cocktail que tenía ron, crema y chocolate espolvoreado, y ya me sentía la mejor amiga de todas las presentes. Todas se desahogaban de lo mal que las tenía la incertidumbre que nos rodeaba en la pega, hasta que Sonrisitas y yo comenzamos un acalorado intercambio de mensajes de texto. Y me convertí en interesante. Más aún, cuando lancé mi teoría anti–media naranja y logré robarme el centro de atención. Desde que Galán Galeno me dio a entender que yo no le interesaba para nada serio, llegué a la conclusión de que si estamos a esta tierra para buscar a nuestra otra mitad, eso quiere decir que llegamos incompletos, y eso sí que me suena a codependencia y fatalismo. Despierto convencida que no necesito un par de pantalones para que mi vida comience. Y envalentonada por los aplausos y los reconocimientos de estas personas que no significan mucho en mi vida, les conté mi desliz de hace un par de semanas. Y con cuatro ron/crema/chocolate encima, traté de practicar lo que estaba predicando, y le envié un mensaje a Sonrisitas, diciéndole que teníamos que hablar...






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