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martes 24 de julio de 2007

Enviado por María Paz Rojas Gómez el 25/07/2007 a las 06:48 PM
Una fantasía segura
 



Después del balde de agua fría que me tiró en la cabeza Galán Galeno, al aclararme que esto tenía menos destino que acusación constitucional a un ministro, decidí rearmarme sin tomar tiempo para hacer duelos innecesarios. Después de todo, aún tengo a Sonrisitas. La vida no será perfecta, pero mala tampoco es. Estoy resentida, un poco menos romántica que antes de ser descartada por completo por el hombre con el que mis hormonas sueñan, pero al menos estoy viva. Gloria Gaynor y yo somos una, nuevamente. Mientras manejaba lejos del departamento de GG me repetí que esto no me iba a matar. En algún momento tendré que ponerme más sabia.

Cada vez que sufro una desilusión amorosa, me refugio en los brazos de mi eterno amado. Cuando los hombres están a punto de agotar mi eterna fe en ellos como género, pienso en Luis Miguel. Porque en mi alucinada mente, estoy segura de que un buen día voy a terminar casada con Luis Miguel. Seré la tercera, cuarta u octava de sus esposas, pero como diría Scarlett O'Hara, ante Dios prometo que lo consigo. Cuando me va mal con los hombres, miro hacia el norte, hacia México, y pienso que si él y yo seguimos solteros a estas alturas de nuestras respectivas vidas, es una señal divina de que estamos destinados a estar juntos. Estoy convencida de eso, y cada vez que paso por una desilusión amorosa, me sano las heridas pensando en la cara que pondrán todos cuando me vean en las revistas del corazón del brazo de Luismi. Y esa venganza imposible de verdad me consuela.

Estaba planeando mi boda con el Rey Sol cuando me llamó Sonrisitas. Pasó por mi casa y pasamos una tarde haciendo cucharitas, conversando de la vida y entendí que quizás a su lado, tengo lo mismo que logran las parejas después de pasar por la montaña rusa emocional. Tenemos compañerismo, amistad, relax; lo mismo que las parejas que llevan años juntos, pero nos ahorramos la montaña rusa hormonal y las peleas, y entramos sin escalas a la calma. La situación es cómoda. Es como quedarse en cama un viernes en la noche, en estos meses. Es rico estar abrigada, es fácil pasarlo bien, anestesiarse viendo tele, pero hay un mundo afuera que, por estar arropada, una se puede estar perdiendo.

De todas formas, él sospecha que algo me pasó en el camino, que cerca de mi cumpleaños anduve dispersa, pero tiene el tacto –o el cinismo– suficiente como para no hablar al respecto. Cuando hablamos de esas fechas, él es tan educado que no profundiza sobre el tema. Y yo siento unas ganas tremendas de decirle que tuve un traspié, que salí de la comodidad de nuestro invernadero para ver cómo era todo afuera, pero que ya estoy de vuelta. Lista para seguir hibernando a su lado, con lo bueno y malo que eso pueda resultar.

En estos días, Sonrisitas es exactamente lo que necesito al lado. Normalidad, comodidad, un vaso de agua sin tormentas ni nada extraño. El problema está en que sólo pensar en la normalidad como la regla que mida mis decisiones me da pánico. La normalidad está sobrevalorada. Y la comodidad de tener algo que no duela ni emocione es lo que me tiene aterrada. Pensando que vivir soñando con que Luis Miguel llegue a mi vida es marcar el paso y perder el tiempo. Quizás debería dejar de lado la comodidad y atreverme a vivir. Porque a estas alturas del calendario, la comodidad de vivir escondida ya no me parece una opción razonable.
Consuelo Aldunate.

A vivir con todo !!!!!

Enviado por el 26/07/2007 a las 08:38 AM
Leonardo Maldonado

A mi parecer tenemos una sola chance y es aquí y ahora..... no es necesario hacerlo adolecentemente... se puede hacer responsablemente.... pero conectado con la maravilla del momento presente...







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